Una persona muy especial me bautizó una vez “Musa de la Duda“, un ser que es incapaz de tomar las decisiones más importantes de la vida… Me atrevería a decir más bien que se trata de un auténtico “corazón cobarde”, un corazón que impide salir a flote sus emociones más sinceras, un alma que nunca eligirá decidir en esto del amor, y sin embargo, siempre termina intentando ser como los demás quisieran que fuera… sientiéndose orgulloso por ello.
Una vez dijo un sabio: “¡qué vacío deja la ansiedad!”; cuánta verdad hay en la exclamación! El tiempo pasa…y la incertidumbre de existir sin rumbo se incrementa. ¿A dónde nos llevará este camino? ¿Merece la pena crecer de repente subiendo un sólo escalón? En realidad, es un querer, un no poder, un yo qué sé… ¿POR QUÉ EN OCASIONES PETER PAN NO TE DEJA VOLAR?
Lágrimas de plástico azul rodando por la escalera, tribus de los mares del sur al oeste de la frontera,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada, náufragos en la catedral, telarañas acostumbradas a hacer noche en el cristal.
Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada. Lo malo del después son los despojos que embalsaman el humo de los sueños, los teléfonos que hablan con los ojos, el sístole sin diástole ni dueño. Lo más ingrato es encalar la casa, remendar los pecados veniales, condenar a la hoguera los archivos, lo atroz de las pasiones cuando pasan, cuando al punto final de los finales no le siguen los puntos suspensivos…