Já sei namorar

01032008060.jpgFoto: Z.M.S.

Lisboa, bossanova, fado, bacalao…já sei namorar… Un lugar arruinado, deseado, odiado, admirado, atacado… Mais párate alguna vez…

Desde que fui… já sei namorar, já sei beijar de língua, agora só me resta sonhar. Porque já sei onde ir, já sei onde ficar, agora só me falta sair… Eu quero é ser feliz. Por eso, eu sou de ninguén, eu sou de todo mundo, e todo mundo é meu tambén…Por eso, tô te querendo como Deus quiser, tô te querendo como eu te quero, Tô TE QUERENDO COMO SE QUER

Malta is different…

Vittoriosa…

One of the Three Cities

20 horas en Roma

 
Sentarte y escuchar caer el agua de la Fontana di Trevi, en silencio…
Maravillarte con la iluminación del Coliseo
Imaginarte a Mussolini dar un discurso en la Piazza Venezzia
Degustar una capricciosa pizza italiana con mozzarela mientras alguien toca la bandurria
Ver con tus propios ojos el Ara Pacis
Que te atraquen 4 euros por un capuchino en el Café di Petro
Decir due en vez de dos
Bromear con que Ratzinger Z te concede una visita en El Vaticano
Bordear el castillo Sant Angelo a la orilla del río Tíber
Posar junto a mil fuentes
Visitar el árbol y el Belén de Navidad en la plaza San Pedro un 14 de enero
Perderte por Roma mientras buscas el Trastévere
Encontrar una pirámide sin saber por qué
Pedir un deseo por cada uno de nosotros
Cenar il Vino della Casa…
Hablar con italianos en inglés
Adentrarte en la sorprendente boutique Dolce and Gabbana
Desencantarte con las escaleras de la Piazza Spagna
Decir prego cuando quieres decir gracias
Maravillarte con las ruinas en el corazón de la ciudad
Desear volver pronto y muchas horas más…
Descubrir que no podías haber ido con mejor compañía

El último diario…

Madrugamos por última vez… por un lado, hay muchas ganas de llegar a Santiago y casi no podemos creerlo, pero por otro, el hecho de que termine esta ‘vida diferente’ da pena… y mucha…
La inexperiencia de caminar hacia Santiago en esta época del año nos juega una mala pasada. Cuando salimos a la calle, nuestros lagrimales se congelan y decidimos ir a desayunar al primer refugio que encontramos…un bar de gasolinera…
Por el simple hecho de llevar las voluminosas mochilas, que al final se hacen pesadas, y esas vieiras colgando de los arneses, notamos esa ligera sensación de peregrinos… que la gente nos trata y nos mira diferente, con respeto, con admiración, y también con incertidumbre… no se puede explicar. Y la pena vuelve a invadirte el cuerpo, quizá es nostalgia, quizá temor a no volver a vivir esta experiencia.
La etapa de hoy es dura. 40 kilómetros nos esperan hasta el final…
‘Buen camino’, y comenzamos a vislumbrar de nuevo el sendero de este grato recuerdo que nos conduce a “otro mundo”.
Los ‘Buen camino’ se multiplican, medias docenas de peregrinos aparecen poco a poco de la nada y nos vemos acompañados en nuestro caminar….
El sendero comienza a hacerse pesado… el sol pega mucho y siempre por la izquierda. Los tobillos de mi compañero protestan cada vez más y el hombre ya no sabe cómo aguantar. Así que optamos por distanciarnos un rato antes de que la ira nos invada.
Toca el tramo por carretera, que tan poco gusta. Al adentrarnos en un pueblecito una anciana nos detiene con su acento “galleguiño” y nos indica con toda su buena voluntad el camino hacia O’Cebreiro.
Mientras, un portugués se dirige a comprar un palo para la fatídica subida que le espera.
Comenzamos a notar la pequeña ascendente. Estamos en Vega de Valcarce, y ya son las 10:30 horas. Así que toca almorzar. “¿De qué quieren el bocadillo?- De lo que tengan”.
En mitad de nuestro almuerzo nos alcanzan más peregrinos. Al vernos en el bar se detienen y entran a tomar algo. Entonces comenzamos a charlar con ellos. Los dos chicos veinteañeros son de Madrid, pero a uno de ello le gusta Bilbao. El cincuentón de bigote es de Jaén y vive en Barcelona, y el anciano de 70 es de León, pero tiene casa en Santander. El mundo es un pañuelo.
La pendiente ya se nota en exceso, dejamos de cantar, paramos a beber agua y nos remangamos la ropa antes de subir.
Desfallecidos, llegamos a la cafetería de Labacolla. Se respira “el olor a santo”, a pesar de la incesante lluvia. Cada vez más cerca del Monte do Gozo…
Calados hasta los huesos, ya podemos ver Santiago. La catedral debería apreciarse también, pero la niebla lo hace imposible. Nos la imaginamos.
Y a la hora de comer, pisamos la ciudad…